Día de la marmota

Nos despedimos antes del periodo estival teorizando sobre qué nos traería el mes de agosto. Si habría algún cambio o acontecimiento relevante, si éste sería positivo, negativo, o no causaría ningún efecto.

Sobre los mercados traíamos el run run habitual: que si agosto es un mes malo, que siempre pasan cosas importantes en este mes,… En fin, la colección de clichés habitual que algunos se empeñan en repetir y repetir, aunque la realidad ya haya demostrado que no tienen razón de ser.



Sea como fuere, y repasando el panorama económico, podríamos decir que nada ha cambiado. Es como si la noche del 31 de julio hubiera durado todo un mes, y amaneciendo un primero de septiembre, la realidad hubiera sido la del día anterior.

Pero para empezar con ánimos positivos este último cuatrimestre, vamos a recordar algunos aspectos favorables que ya se vislumbraban antes de irnos de vacaciones y han cristalizado durante este mes.

Cifras e indicadores sobre nuestra economía que muestran signos positivos. El más evidente es el superávit por cuenta corriente derivado del excepcional año turístico y de la ganancia en competitividad de nuestra economía. Merece la pena comentar el índice de gestor de compras, un indicador adelantado que anticipa, teóricamente, un repunte en la actividad económica, y por tanto, una previsible recuperación en los niveles de empleo.

Hablando de empleo, es cierto que el reciente dato publicado referido al mes de agosto es positivo. Pero muy a nuestro pesar, de ‘dejar de caer’ a ‘crecer’ va un trecho. Y no precisamente corto. Aquí nuestro país todavía tiene la tarea por hacer. Por lo que ya se ha hecho público en este terreno, tengo la impresión de que no se quiere abordar el problema. Sólo diferirlo y pasárselo al siguiente.

Otros dos hechos a destacar. Por un lado, la reducción del endeudamiento de empresas y familias. El sector privado se ajusta, gestiona, hace sacrificios reales. Y a pesar de un entorno económico nada favorable, y de un entorno fiscal y financiero represivo, siguen demostrando que existe margen de mejora si existe voluntad de hacerlo. La crisis no puede ser la coartada para no hacer lo que hay que hacer, aunque no sea tan popular.

Por otro, la mejora de nuestro perfil de riesgo como país. En este punto debemos compartir el mérito. Si bien es cierto que por lo comentado más arriba la percepción que de nuestro país tienen nuestros actuales y potenciales acreedores ha mejorado, también es cierto que la rentabilidad del bono alemán ha repuntado significativamente, estrechando los diferenciales.

Buena noticia para nuestro Tesoro y para nuestros bolsillos –al fin y al cabo, de ahí sale el dinero para pagar los intereses de la deuda pública-, y buena noticia para nuestras empresas, que podrán ver sensiblemente abaratado su coste de financiación.

Esperemos que este clima positivo se mantenga en nuestro país, y podamos cerrar el año en una mejor situación que como lo empezamos.

 

 

  Francisco J. Concepción
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